¿Qué cambios deben producirse en el sector de la carga pública para acelerar la revolución de los vehículos eléctricos?

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Adquirir un vehículo eléctrico en Europa nunca había sido tan económico ni atractivo. Los precios de las baterías cada vez son más bajos, la autonomía está aumentando y ahora todos somos conscientes del impacto negativo de los vehículos de gasolina y diésel en nuestro planeta. Asimismo, existen una serie de beneficios fiscales muy atractivos para que el consumidor opte por la opción eléctrica (consulta nuestras publicaciones sobre las ayudas fiscales que proporcionan los diferentes países). A esto hay que añadir las sanciones a vehículos no eléctricos por el nivel de emisiones y los objetivos ambiciosos de CO2 por parte de los gobiernos. Y, por supuesto, la continua innovación en los cargadores de vehículos eléctricos que ofrece un precio más económico y una mayor flexibilidad al consumidor. Parece que la revolución de los vehículos eléctricos es inevitable.

El interrogante de la carga

Y, sin embargo, existe un enorme obstáculo que impide este avance: la red de carga pública de vehículos eléctricos en Europa es, por lo general, insuficiente y su distribución no es adecuada para que sea efectiva. Para que se entienda mejor, en la actualidad el promedio de carga de vehículos eléctricos en lugares públicos es solo del 10 %, mientras que alrededor del 30 % tiene lugar en casa y la mayoría en el lugar de trabajo. La tecnología, que permite la carga en tiempo real para varios usuarios y cargadores e incluso puede controlarse desde el teléfono móvil, ya está lista para utilizarse. Sin embargo, es necesario mejorar la infraestructura de carga pública europea para que los beneficios de la “electrificación” sean una realidad. 

Tecnología y fabricación

Los innovadores y fabricantes también juegan un papel fundamental en el sector de los vehículos eléctricos. Para que la infraestructura sea una realidad, es necesario que la tecnología sea más económica, con una instalación y mantenimiento más sencillos y, sobre todo, con una velocidad de carga más rápida. Estos factores pueden ayudar a que los gobiernos mejoren y amplíen las redes de carga públicas por toda Europa.

Una distribución desigual

Vamos a analizar lo que están haciendo diferentes países de Europa para superar estos obstáculos. Según un estudio reciente, el 76 % de los puntos de carga de toda la UE se distribuye en cuatro países (que cubren solo el 27 % del total del área de servicio de la UE) . Estos cuatro países son Países Bajos, Alemania, Francia y Reino Unido. Por otro lado, entre Bulgaria, Malta, Grecia y Chipre no llegan a los 300 puntos de carga. España ha recibido 35 millones de euros del Banco Europeo de Inversiones (BEI) para instalar 8500 estaciones de carga públicas de vehículos eléctricos e híbridos por todo el país en los próximos cuatro años para impulsar las energías renovables.

«Nuestro país cuenta con recursos naturales muy importantes, como el sol y el viento, que impulsan las energías renovables. Carecíamos de un marco regulador que hiciera posible este impulso, pero ahora este marco está en desarrollo.»


 Arturo Pérez de Lucia, Gerente de AEDIVE ( Asociación Empresarial para el Desarrollo e Impulso del Vehículo Eléctrico)

Mantener la demanda

Noruega ha sido el país pionero en la implementación de redes de carga públicas, gracias a que su gobierno hizo frente a los problemas de costes e infraestructuras que siempre van asociados a la instalación de tecnologías nuevas y revolucionarias. El gobierno se percató de que era necesario instalar suficientes puntos de carga para responder a la creciente demanda de los clientes, fruto de los beneficios fiscales para la compra de vehículos eléctricos. 

En Europa también hay una gran demanda. La Asociación Europea de Fabricantes de Automóviles (ACEA) afirma que, dado que se esperan 33 millones de vehículos eléctricos en nuestras carreteras para el año 2030, será necesario contar con al menos 2,8 millones de puntos de carga eléctricos en la UE.

Erik Jonnaert, antiguo Secretario General de ACEA, resume la complejidad del asunto:

“Los 28 Estados miembros tienen que redoblar sus esfuerzos con urgencia para garantizar que exista una red de carga y abastecimiento por toda la UE. Si esto no sucede, la adopción de vehículos eléctricos a gran escala nunca tendrá lugar. Tenemos que demostrar a nuestros consumidores que existe una infraestructura para responder a sus necesidades y que puedan viajar sin preocupaciones.”

Erik Jonnaert, antiguo Secretario General de la Asociación Europea de Fabricantes de Automóviles (ACEA)

Soluciones inteligentes

Afortunadamente para los consumidores, el sector privado está trabajando para acabar con este problema. Empresas como Electromaps ayudan a los conductores a planificar sus viajes por Europa mediante aplicaciones móviles que muestran los puntos de carga públicos disponibles. Y, mientras la infraestructura alcanza el nivel esperado, el diseño y alcance de los sistemas inteligentes para el hogar se está desarrollando rápidamente para que los conductores puedan cargar sus vehículos durante la noche. 

Objetivos para el cambio climático

Para terminar con los combustibles fósiles en el transporte es necesario acelerar el cambio hacia la movilidad eléctrica, y las expectativas sobre las emisiones son otra parte del rompecabezas. Se espera que los vehículos eléctricos protagonicen los planes de la UE para avanzar hacia un sistema de transporte más sostenible y cumplir con sus objetivos de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en un 80-95 % para el año 2050. 

Según Erik Jonnaert: “Hay dos cosas que están muy claras. La reducción de las emisiones de CO2 dependerá de una mayor venta de vehículos eléctricos, y esta mayor venta dependerá a su vez de un aumento de la infraestructura de carga”.

La panacea

La situación es similar al eterno problema del huevo y la gallina: es imposible decidir cuál de los dos se creó antes. Sin embargo, para que la revolución de los vehículos eléctricos sea una realidad, es necesario considerar una serie de factores conectados que deben desarrollarse al mismo tiempo: demanda de consumidores, infraestructura de carga pública, innovación de la tecnología y objetivos del cambio climático.

La revolución eléctrica está avanzando en Europa, pero hasta que no mejore la infraestructura pública, la velocidad de adopción de vehículos eléctricos se verá interrumpida y no alcanzará todo su potencial.